Asociación Sinergia Sostenible

Sinergia Sostenible pone nombre al lugar de encuentro donde se fusionan las ganas de saber y de dar a conocer qué es la sostenibilidad, para buscar el mejor camino de llegar a ella.

Creemos que una de las labores más importantes que hoy en día tenemos los arquitectos es la de emplear nuestras energías en diseñar los mecanismos que permitan lograr un hábitat en equilibrio con el planeta que lo sustenta.
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Actividades:

Paralelamente a la confección de este blog, y como parte de un proyecto más amplio de difusión de la información e interactuación con los demás habitantes de este planeta, realizamos otras actividades: Las ya realizadas:

-Charla coloquio “Arquitectura y Sostenibilidad”. .

-Taller para niños ”Arquitectura para Niños”.

-Charla coloquio ”Energías Renovables”.

LAS CIUDADES DE LA PRISA

 

 

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El urbanismo es el más fiel reflejo de cómo funciona la sociedad en la que vivimos. Esta sociedad del bienestar fue puesta en marcha por avispados economistas, que nos han hecho creer que consumir sin límites era la gran panacea del siglo XX. Todo son prisas y todo es para ayer. Quedar a merced de este desbocado consumismo, es lo que nos ha llevado a padecer una de las mayores crisis de la historia.

 

 

Rescatando un pasaje del principito quizás podamos ver pequeñas gotas de sabiduría, que hoy en día se echan bastante de menos:

 

“-¡Buenos días! -dijo el principito-.
- ¡Buenos días! -respondió el comerciante-.
Era un comerciante de píldoras perfeccionadas que quitan la sed. Se toma una por semana y ya no se sienten ganas de beber.
- ¿Por qué vendes eso? -preguntó el principito-.
- Porque con esto se economiza mucho tiempo. Según el cálculo hecho por los expertos, se ahorran cincuenta y tres minutos por semana.
- ¿Y qué se hace con esos cincuenta y tres minutos?
- Lo que cada uno quiere…
‘Si yo dispusiera de cincuenta y tres minutos -pensó el principito- caminaría suavemente hacia una fuente…”

 

 

El  tiempo es un invento de la humanidad para tener la sensación de que controlamos nuestras vidas. Lo más triste es que este ritmo frenético con el que las malvivimos, cada vez se ve más reflejado en las ciudades que hemos creado. Éstas se han convertido en máquinas de consumir cada vez más. Consumir recursos, consumir territorio y sobre todo hacer consumir a la sociedad un urbanismo vacío y alejado de cualquier lógica y cordura.  Todo ello, unido a as ansias de lucro de algunos promotores, (bien avalada por el político de turno) ha hecho que nuestras ciudades hayan crecido a golpe de talonario. Cierto es, que en este despropósito también han colaborado muchos arquitectos, actuando como mano ejecutora de la alianza politico-inmobiliaria. De esta forma, en múltiples ocasiones el dinero es quien ha decidido cómo y cuándo nuestras ciudades debían crecer. Ese dinero que no existe, pero que los bancos nos hacen creer que es nuestro, ha servido para macizar nuestras ciudades como si de un depredador de territorio se tratase. Así, todos los ahorros (presentes y futuros) de los ciudadanos se entierran en una vivienda que nace bajo las premisas de tipologías ya caducas y obsoletas.

 

¿Pero cómo se ha ido forjando este urbanismo de charanga y pandereta? La ciudad se ha doblegado al poder del sector automovilístico. El peatón ha dejado de ser el protagonista del espacio público, para pasar a ser el coche el auténtico rey de la calle (convertida en una jungla), pensando que colmaría todas nuestras necesidades. Pero el tiro salió por la culata, porque esta apuesta por el vehículo privado es lo que ha llevado al ciudadano a tener que sufrir innumerables atascos en sus ciudades y a respirar constantemente aire contaminado. En esta misma línea, hemos dado prioridad a las grandes autopistas, trenes de alta velocidad y carreteras que han destrozado increíbles paisajes, para nuevamente querer llegar siempre a la velocidad de la luz de un sitio a otro. Esta prisa que se apodera de nosotros parece no tener límites ni atender a razones como el  coste ecológico y económico que suponen este tipo de acciones. No parece mala idea recordar las palabras de Jan Gehl “Mi consejo a las ciudades, y podría aplicarse a cualquier ciudad del mundo, es sencillo. Que intenten tomar a la gente de su ciudad en serio. Más en serio, justo tan en serio, como tradicionalmente han tomado a los automóviles”.

 

 

Nuestros pueblos y ciudades se han ido muriendo lentamente por dentro, mientras que por fuera crecían como la espuma.  Pero cómo teníamos que haber crecido, no le ha importado a casi nadie, y ahora, con el mal hecho, tampoco tiene mucho sentido la extirpación del tumor. Sería peor el remedio que la enfermedad.

 

Pero esta visión un tanto negativa de la jugada, no nos nublará la vista. En sucesivas entradas, iremos denunciando los desastres urbanísticos con que se azotaron nuestros pueblos y ciudades, pero también prometemos ir planteando, poco a poco, posibles soluciones a semejante descalabro. Y a buen seguro que a más de un lector ya se le está ocurriendo alguna, así que ¡disparen sin miedo!

                                                    Autor: Lorenzo Barnó

10 comentarios en LAS CIUDADES DE LA PRISA

  • Lo primero, enhorabuena por esta nueva iniciativa.
    En cuanto al artículo, aunque no estoy seguro de que haya que ser tan catastrofistas, es verdad que se han hecho cosas muy mal, y que se seguirán haciendo, lamentablemente.
    Pero no hay que olvidar que los responsables de todo esto no sólo son los políticos de diente afilado y los promotores/constructores que encienden sus puros con billetes de mil pesetas. Los planes generales, las normas subsidiarias, y los planes parciales se someten a exposición y valoración del ciudadano, cosa que el ciudadano ignora por completo.

    Esto es como lo de Hacienda, que el no saber que tienes una obligación no te exime de tu responsabilidad. Lo que hay por parte de toda la ciudadanía es una ignorancia absoluta de las obligaciones como ciudadano.

    Todos clamamos por nuestros derechos, pero miramos para otro lado cuando se nos piden responsabilidades. Y en este caso muy particularmente, creo que todos tenemos nuestro grado de culpa, ya que por desgracia, el grado de compromiso particular del ciudadano con su ciudad es nulo (perdonad la redundancia pero era necesaria).
    Que unos son más culpables que otros, seguro (aunque sólo sea por intentar - o conseguir - pasarse de listos), pero hagamos un poco de autocrítica y pidamos a la gente (empezando por nosotros mismos) más compromiso.

    A mí se me saltan las lágrimas cuando veo manifestaciones, calles y plazas llenas de gente pidiendo la dimisión del presidente de su equipo de fútbol.
    Pero sólo salen a la calle a ver qué pasa (y porque suele haber alguna cámara) cuando están las retroexcavadoras retirando árboles de ese “parque tan bonito de toda la vida”, en vez de haber visto un año antes el anuncio del plan parcial en su periódico.

    Una vez más, enhorabuena.
    Un saludo.

  • Hola Daniel

    Nos alegra verte por aquí! Y como bien dices, quizás el post sea demasiado catastrofista, pero bueno esperemos que no se alargue mucho esta actitud un tanto negativa!

    Lo que comentas al respecto de la responsabilidad de cada uno, y nuestro pasotismo, es cierto que no es algo que dependa del exterior. Vivimos en una sociedad muy egoísta y nos cuesta implicarnos, no participamos ni en las reuniones de vecinos, y sin embargo esta participación parece el único camino valido para hacer un urbanismo un poco más sensato. Al final los políticos (a los que tanto criticamos) no son más que un reflejo del mundo en que vivimos.

    Muchísimas gracias por pasarte por esta nueva casa, que a partir de ahora ya sabes que es tan de sinergía sostenible como tuya.

  • Arantxa

    HOla Daniel,
    muchas gracias por hacernos ver otra cara de la misma moneda.
    Estoy de acuerdo contigo en que tenemos bastantes oportunidades de opinar en el curso de las decisiones urbanísticas y territoriales que desaprovechamos o simplemente desconocemos.
    También me parece una labor muy ardua escudriñar todos los BOEs para estar al tanto de todos los períodos de exposición pública.
    Se me ocurre que quizá podría existir un organismo que se dedicara a tener estas cosas controladas.
    Una idea peregrina.

  • Idea peregrina…un poco, sí, pero…quizá mucho más necesario que muchos ministerios… :D

  • Felicidades por la iniciativa. Inteligente y divertida como siempre. Os seguirmeos muy de cerca.

    Especialmnte feliz me parece todo lo relacionado con los talleres para los crios.

    Os deseo respecto a la sostenibilidad que no sea un blog donde se caiga en “la estafa de lo sotenible”.

    A cualquiera que le interese, de verdad, la arquitectura sostenible debiera hablar alguna vez no tanto de las tecnologías ornamentales de lo sostenible sino de forma.
    Y respecto a lo sostenible, el libro verdaderamente clave me parece que es ese de dos tomos de Carlos Flores…

    Suerte

  • Nos alegra mucho verte por nuestra nueva casa Santiago, estaremos encantados como siempre de verte por aquí!
    Y por supuesto que intentaremos no caer en esa “estafa de lo sostenible” de la que hablas, sino más bien denunciarla, pues todo lo que parece sostenible y en el fondo no lo es hace muchísimo daño.

  • Ricardo

    El tema planteado es muy, pero que muy delicado. Aunque viene ya desde principios del siglo XX, la movilidad sigue estando a la orden del día y como bien dices, ha ido aumentando su sombra sobre nuestras ciudades de una manera progresiva, aunque no siempre para mal. Al fin y al cabo debemos hacer exámen de conciencia, ¿a quién no le gusta aparcar en la misma puerta, a veces por capricho y otras por urgencia?
    Esto abre otra incógnita en la ecuación y que tu mismo has nombrado en el título y es el tiempo, pero esto daría para muchos posts.
    Creo que en este sentido cada ciudad/pueblo debería tener una concejalía solamente para planeamiento de movilidad y transporte urbano, en consonancia y perfecto acuerdo con la ya conocida concejalía de urbanismo de turno. Porque solamente desde el análisis real de los flujos, afluencia y necesidades de accesibilidad se podrá llegar a un equilibrio máquina/peatón.
    Felicidades por esta nueva andadura, seguro que será tan provechosa como todas las demás que habéis emprendido!

  • Hola Ricardo.
    Lo primero de todo agradecerte que nos hayas visitado y que hayas participado con tu comentario en el blog.

    Respecto a lo que comentas no te falta razón, pero entre todos tenemos que ceder un poco en nuestros “caprichos” y pensar en lo que es mejor para todos, que por otro lado a la larga también los será para nosotros.

    El tema de aparcar en la puerta de casa, es tremendo. La verdad es que cuando se decidió que muchos cascos históricos se hicieran peatonales al principio nadie quería que fuese así. Las protestas de los comerciantes eran de aupa, y sin embargo hoy la gente está encantada (incluidos los que antes tanto vociferaban).

    Muchas veces es cuestión de habituarse a pequeñas incomodidades y así nuestras ciudades serán un poco más humanas.

    Lo dicho, y gracias por participar.

  • Hola a todos y antes que nada quiero felicitarlos por el blog y por dar en el punto preciso de donde se pueden partir diversas reflexiones.
    Si bien el automóvil, gran invento del siglo xx, ha desplazado al humano en su lugar en la ciudad, trayendo con esto problemas de contaminación, desgregación del tejido urbano, necesidad de infraestructura, etc., debemos también pensar que fue el humano quien puso al auto en su trono (y es responsabilidad del mismo humano destronarlo). La solución si bien se encuentra en los diseños de los programas de desarrollo sustentable, propiciando usos mixtos, vivienda vertical y densificación de las zonas ya urbanizadas, también deben venir de la semilla que se siembre en la ciudad para que esta rápidamente acepte el cambio y deje estacionado el auto.
    Este tema da para mucho y seguro es apenas el inicio de la reflexión en este espacio.
    Felicidades a todos.

  • Muchas gracias, Luis, por tu comentario.
    Efectivamente, ahora nos toca a todos, destronar a quien pusimos en la poltrona: el vehículo privado. Pero para hacerlo, como bien indicas, no bastará con una serie de criterios generales para nuestras ciudades sino que se ha de ir más allá a través de un cambio global de conciencia.

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